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lunes, 18 de septiembre de 2017

Palacio de Bellas Artes. Desde su construcción hasta la gran inauguración



Hemos pasado miles de veces por las famosas calles de la Alameda Central, siempre admirando la maravillosa arquitectura que forma parte de la casa máxima de expresión cultural en México pero… ¿Saben cómo y por qué fue construido?

Autor: Ana Paola Camacho
Fue debido a la celebración del Centenario de la Independencia de México que el entonces presidente Porfirio Díaz con su plan de modernizar y embellecer la ciudad encargó al arquitecto Adamo Boari la construcción de un majestuoso lugar que sustituyera al antiguo Teatro Nacional. Con esta construcción se le daría a la ciudad esos tintes artísticos que tanto anhelaba Díaz.

Se dice que el proyecto tenía una duración de cuatro años pero debido a problemas de suelo, falta de presupuesto y el acercamiento de la Revolución en 1910, el proyecto fue finalmente interrumpido.

Fue hasta 1928 cuando la construcción quedaría en manos del arquitecto mexicano Federico Mariscal y fue entonces cuando se  empezaron a implementar diferentes materiales como mármol y ónix que recubrirían los interiores.

En 1932 el proyecto se transformó convirtiéndose en un lugar especial que acogería las artes escénicas y plásticas. Se le adaptó para ser un foro nacional. Con este hecho se le empezó a conocer con el nombre de Palacio de Bellas Artes. Finalmente la inauguración ocurrió el 29 de septiembre de 1934.

Para noviembre del mismo año se inauguró el Museo del Palacio de Bellas Artes. Desde ese día hasta la fecha, este lugar ha fungido como un recinto único en el país. Sus finas paredes han albergado diversas  obras de arte, desde piezas del siglo XVI hasta  murales de José Clemente Orozco y Diego Rivera.

Fernando Gamboa, museógrafo reconocido, cambió el proyecto convirtiéndolo en el Museo de Artes Plásticas ampliando de esta manera la exhibición del arte mexicano.  Para 1958 el lugar se remodeló para ahora ser el Museo Nacional de Arte Moderno, hecho que fue fundamental para su acervo cultural, pues se obtuvieron adquisiciones artísticas  recurrentes, mismas que pueden ser apreciadas por los visitantes.

Desde el momento de su inauguración e incluso durante su construcción, este lugar ha sido motivo de orgullo para los mexicanos, ya que  se ha convertido en un espacio representativo de la cultura mexicana. El pisar este recinto o exhibir diversas obras, ha sido el sueño anhelado por millones de artistas pues resulta difícil encontrar otro lugar parecido para dar a conocer sus talentos.



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miércoles, 13 de septiembre de 2017

La calle de Madero. Testigo del Centro Histórico



Miles de personas realizan largas caminatas a diario por la bien conocida calle de Madero, ya sea para recorrer las tiendas y restaurantes o bien, para adentrarse al imponente Zócalo. No es la más antigua pero sin duda se ha convertido en uno de los lugares más representativas del Centro Histórico. A  pesar de ello muy pocos saben los secretos que esta calle ha guardado por años…

Autor: Ana Paola Camacho
Para empezar fue Heriberto Jara quien, con una gran ceremonia,  ideó ponerle “Francisco I. Madero”. A partir de este momento se inició una nueva nomenclatura quitando los nombres de santos y sustituyéndolos por los grandes revolucionarios. Este hecho se le atribuyó a Francisco Villa, por la publicación de una foto en donde se le muestra colocando de  nuevo la placa que los zapatistas habían quitado semanas atrás.

El edificio número 34 albergó a uno de los estudios fotográficos más importantes que ha existido en México, la de los hermanos Valleto que se dieron el lujo de fotografiar a personajes tan importantes como Benito Juárez, Iturbide, entre otros. Lograron tener un acervo de más de noventa mil fotografías además de ser reconocidos en Europa y Estados Unidos.

La calle de Madero ha sido mudo testigo de la presencia de grandes escritores, entre ellos Manuel Gutiérrez Nájera quien acudía cotidianamente al café “La Concordia” acompañado de otras grandes personalidades como  Manuel Payno, Ignacio Ramírez y Manuel Puga. Puede decirse que fue en este lugar donde Gutiérrez Nájera ocupó su tiempo no solamente en su obra poética y narraciones, sino también en el periodismo viéndose reflejado en la revista Moderna.

Hablando de Literatura, Martín Luis Guzmán en La sombra del caudillo menciona esta calle a través de la joyería “La esmeralda” en donde uno de sus personajes se detiene a comprar con dinero robado un diamante para su novia.

Autor: Ana Paola Camacho
En esta avenida  abundaron restaurantes y cafés donde se reunían personajes, algunos intrascendentes pero otros de gran talento para la poesía y las letras en donde cobijados por el ambiente bohemio, el olor de aromáticos cafés y el humo de cigarrillos echaron a volar su imaginación surgiendo así obras  de gran importancia para la literatura mexicana de hoy y siempre.

La calle de Madero es uno de los lugares para visitar más fascinantes del Centro Histórico, no sólo por los lugares que ahí se encuentran sino también por su majestuosa arquitectura  colonial con matices barrocos y churriguerescos, la cual te llevará de la mano a conocer muchos de los momentos que han conformado nuestra riqueza cultural y si eres amante de la fotografía, este lugar fungirá como escenario perfecto para capturar verdaderas obras de arte a través de tu lente.

¿Sabías toda esta información de la famosa calle de Madero en el Centro histórico?...

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Facebook: Ana PaOla